Luchadoras, el rodaje del encuentro

Alejandra Musi, periodista y guionista, escribe sobre el rodaje de “Luchadoras” , cortometraje documental nominado a los Goya en 2010. Luchadoras” es una aproximación a la realidad actual de las mujeres mexicanas en el ámbito rural y urbano. Filmado en México, D.F. y el Estado de Zacatecas, narra las principales circunstancias, dificultades, retos e inquietudes a los que las mujeres de ese país se enfrentan hoy en día.

Rostros y testimonios inolvidables, llenos de fuerza pero también de sumisión. Eso es México: contrastes. Y eso también fue Luchadoras detrás de las cámaras.

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Cuando Malvalanda, la productora del cortometraje en el que trabajamos juntos hace 8 años me pidió que escribiera este texto recordando aquella filmación, lo primero que se me vino a la mente fue la visita que hicimos a la casa de mi nana de toda la vida: Nieves Santiago. En ese entonces Nieves vivía en Ciudad Neza con su marido Wilfrido que hoy descansa en paz. Wilfrido era taxista y se tuvo que retirar de su trabajo por una diabetes mal diagnosticada que lo dejó ciego y con un brazo amputado.

Nieves es una mujer que ya está jubilada pero que cada día hacía dos horas de trayecto en autobús y metro para llegar a casa de mi mamá. Trabajó con ella durante 30 años con intermitencias: cuando se fue para tener a su primer hijo, cuando volvió, cuando se volvió a ir para tener a su segundo bebé –esta vez una niña-, cuando se quedó embarazada por tercera ocasión –otra niña- y regresó a su casa para criarla durante varios años hasta volver de forma definitiva una década más tarde y volverse inseparable de mi mamá y de las adolescentes que éramos en ese entonces mi hermana Marijose y yo. Una mujer incansable, siempre sonriente, con el mejor sazón del planeta, que pasaba más horas en mi casa que en la suya y cuya otra vida parecía  no existir pues casi nunca hablaba de ella: por prudencia, por no agobiar, porque estaba muy “atareada”.

 

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Pues bien, cuando llegamos a su casa Benet, el director del cortometraje, María y Penélope, las productoras y creadoras del proyecto, Paco, el técnico de sonido y yo, la guionista, la primera que me recibió fue Leyre -sí, la perrita que Nieves se llevó a casa porque me la regaló un ex novio pensando que era un perro “finiiiisimo” y resultó ser una raza indescifrable que según consejos del veterinario necesitaba estar siempre al aire libre, pues si no se ponía muy agresiva. Varias mordidas después mi mamá ya no sabía qué hacer con ella cuando Nieves le dijo que su familia la quería, así que ella la adoptó.

Después salió ella, detrás estaban sus hijos. Fernando, graduado como Contador Público y que hoy trabaja para una consultora internacional muy famosa. Leti, madre de dos hijas y Marisol, una joven alegre que hoy es profesora de primaria y miembro de varias ONG´s.

 

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Sí, Nieves lo logró, le pudo dar un futuro mejor a sus hijos, con los accidentes de la vida incluidos, claro, pero también contra una sociedad en la que es muy difícil cambiar tu destino si no naciste en el código postal adecuado. Cuando empezamos a charlar con ella y a filmar su testimonio lo que más recuerdo eran las miradas de su familia, todos ellos orgullosos, agradecidos con esa mujer que hasta ese momento nunca había visto el mar y que no pudo estudiar más que la primaria porque en su pueblo oaxaqueño no había más futuro después del 6º grado escolar. Me sentí profundamente agradecida de poderle dar voz y un poco, mínimo, de reconocimiento a esa gran mujer que representa a la fuerza que hace que México no se rompa. Y es que en Luchadoras comprobamos eso, la fuerza de las mujeres en la estructura social de mi país. Fuimos a los pueblos, a los barrios más pobres y desfavorecidos, pero también nos metimos a la cocina de las directoras de grandes empresas, mujeres poderosas y privilegiadas y todas, absolutamente todas, tenían el mismo testimonio: eran unas grandes luchadoras.

 

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El rodaje terminó. Dejó una huella profunda en quienes lo hicimos. Después, el cortometraje que tiene la mirada maestra de Benet empezó su viaje por el mundo, ganó muchos festivales de cine, fue nominado a los Premios Goya de Cine en España y sigue siendo un proyecto vivo pues nos siguen surgiendo oportunidades para hablar de él en distintos foros.

 

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Sin embargo, la experiencia aún tiene un dejo de nostalgia y de tristeza por esas vidas rotas que sabemos sigue habiendo en el país de forma alarmante –quizá ahora más que nunca- y que continúan reconstruyéndose día a día sin descanso. Sí, la de nuestras luchadoras.